La Guerra de Tulipanes

Tambores de Guerra

Pero, calma, amigos. Estamos sólo en el comienzo. No vale la pena comenzar a pelearnos tan pronto en este relato!

Sí, Lord Reuel Osier llegó al poder de una forma que no todos considerarían honorable, pero, ¿cuántos nobles han llegado a su posición de tal forma? No, amigos, hay cuentos más intrigantes qué contar.

Con las lealtades de su Casa Mayor bien asentadas, la Dama Kyrie Cendre comenzó a enfocarse más en las molestas revueltas en sus propias tierras. Un sagaz buscapleitos, William Callais, había logrado socabar las lealtades del pueblo, e incitado a varios a levantarse en contra de su señora. El Comandante Ghiles Bässe fue enviado, por órdenes de Altërian Yadis’Varion, a aplastar la manifestación que había nacido en el pueblo. El valiente guerrero siguió las órdenes al pie de la letra, despedazando la voluntad conflictiva de aquellas aguerridas personas, y tomando varios prisioneros.

La dama Violance Cendre se aseguró que los prisioneros fueran tratados bien, pues estaba horrorizada por las acciones cometidas en contra del pueblo. Buscando una solución satisfactoria para tanto la Casa como para la gente común, dedicó su tiempo a hablar con los prisioneros, escucharles, y entender sus quejas. Con su brillante mente, reunió a los capitanes de compañías, para tentar la posibilidad de construir algo que ayudase al abatido pueblo.

Pero William Callais tenía otros planes. Cada vez sus discursos eran más audaces. Más incitaba a la revuelta. La sangre del pueblo ardía con la furia del cambio. Incluso el mismo granero Cendre fue prendido en llamas por elementos rebeldes, pero el daño fue mínimo, gracias a la rápida actuación de la Casa Cendre.

Callais seguía moviéndose, y cada vez, sus acciones eran más complicadas. Hombres cavando en medio de la nada, enterrando una placa metálica con un símbolo extraño. Un símbolo que, aunque los sabios Elfos de la Casa Cendre lograron descifrar, mantenía su verdadero propósito en secreto. Pero no dejaba duda, amigos, que Callais era más de lo que aparentaba, un gran peligro para la Casa Cendre.

Pero el mayor peligro se acercaba por otro camino.

El Rey en Exilio, Baldwin Laurent, finalmente lanzó la moneda al aire. Marchó a sus ejércitos, cien cientos de hombres, algunos de la Casa Kabeos, la mayoría de la Casa Laroche. Sus banderas se extendían por millas, y la marcha sacudía la tierra. El oeste era su destino, su propósito, desconocido. Pero no marchaban sólos, pues el Pico del Guerrero marchaba para reunirse a esa espectacular columna. Lord Desmarais y Arceneau, jurados al Rey en Exilio, mandaron en conjunto ocho miles de tropas, orgullosos hombres del Equinoccio Autumnal.

La única Casa que se oponía al Rey en Exilio en las planicies, era la Casa Osier, súmamente en desventaja. Y sus problemas crecían, pues Aurélien Osier había escapado del Nido, y llamado a su lado las Casas Menores leales, para derrocar a su hermano, una tétrica similitud de la situación del Reino. Osier no podría contar con más de siete miles de soldados leales, en contra de la terrible fuerza del Rey en Exilio.

Con sus tierras separadas por posible rebelión, y con el resto de las Casas Reales ocupadas con la amenaza de la Casa Peltier, ligada por sangre a los rebeldes que apoyaban a Baldwin, Osier estaba solo.

Y Kyrie Cendre reconoció el enorme peligro. Tomando la situación en sus manos, cabalgó hacia las tierras de los Trenchard, que hasta ahora no habían declarado a favor de ningún Rey. Sus tropas podrían marcar la diferencia entre batalla y masacre. Dejando a sus consejeros a lidiar y asegurar la lealtad del resto de las Casas Menores de Osier, Kyrie se encomendó la tarea de dialogar con Lord Trenchard, mostrándole su deber de apoyar al Rey Jean-Luc.

Pero Kyrie tendría competencia, pues Lord Abel Aymond, simpatizante de Baldwin, se encontraba en las tierras Trenchard con el similar propósito de ganarse al Lord. Una batalla de palabras se avecinaba, el preludio al terrible combate que asechaba en el horizonte.

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richterbrahe

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