La Guerra de Tulipanes

Un preludio

Para entender la guerra, hay que entender el pasado.

El gran Rey Gerard el Quinto, magnánimo regidor del Reino durante la crisis de los Adoradores del Prisionero, había caído ante el vil veneno del más cobarde asesino. A pesar de la tristeza que agobiaba el Reino, no podían continuar sin un líder fuerte. Y así, la Corona del Tulipán fue puesta sobre la cabeza de Jean-Luc el Primero.

Todo parecía ser un sueño, pues el nuevo Rey era fuerte, jóven, amigable y jovial. Adorado por el pueblo, parecía que una nueva era de esplendor habría de bañar a Tulipe. Pero los Dioses otros planes tenían. Viendo traición en los ojos del legendario Lothaire de Lusignac, Gran Maestro en Armas de la gloriosa Orden de Alfadén, el Rey no tuvo más opción que mandarle ejecutar.

Lo sé, amigos, lo sé. Tal acto es en sí mismo una buena historia, merecedora de ser contada, pero no hay tiempo suficiente. Será en otra ocasión. Por ahora, lo importante es entender que después de la muerte de su Gran Maestro en Armas, la Orden se rehusó a jurar lealtad personalmente a Jean-Luc, a pesar de ser el portador de la Espada Dorada. El Rey no tuvo más opción que exiliar a la Orden, pues una fuerza como ellos sin ataduras de lealtad era peligrosa. Pero la Corona necesita una Orden, y así fue que se fundó la temible Orden del León, comandada por el terrible Théodore Leroy. El Rey se sentía seguro.

Pero sería sólo el comienzo de los problemas.

Tan sólo un par de meses después, el Príncipe Baldwin, tan solo un niño de diez otoños, y la Princesa Emma, radiante mujer de diecinueve primaveras, fueron encontrados culpables de conspiración en contra de la Corona, y más, de una relación incestuosa. Verdades o mentiras habrán de descubrirlas pronto, amigos, no sean impacientes. El Rey decretó su inmediata ejecución, y a pesar de los gritos de clemencia del pueblo, fue adamante. En la víspera de un gris día de Blundo, ambos fueron marchados al centro de la gran ciudad de Megrand, a la horca. Pero antes de que sus vidas fueran terminadas, Sir Renaud Kabeos interrumpió la tragedia, y a base de espada y escudo, salvó a los herederos de Gerard. Juntos, escaparon del Reino, mientras el Rey, en una cegadora furia, maldijo mil veces a la Casa Kabeos, despojándola de sus tierras y otorgándoselas a la Orden del León.

Sintiéndose rodeado de enemigos, Jean-Luc se basó en el juicio del gran Lenard Leroy, honorable regidor de la magna Casa del León en la Luna, para encontrar traidores en las filas de la nobleza. Su hábil inteligencia y robusta red de espías revelaron que el cáncer de la traición había crecido en los corazones de varios líderes de Casas, y en pocos meses, muchos nobles se encontraron con sus títulos despojados, y su familia deshonrada. Poco a poco, Tulipe dejaba de ser un Reino regido por sus nobles, a una absoluta monarquía.

Fue entonces cuando Baldwin actuó. Impasivo e incapaz de ver tales injusticias en su Reino, se declaró Rey en Exilio de Tulipe, y a su bandera llamó a todas las leales Casas, para derrocar a su hermano del Trono de Pétalos. Marchando desde Sínople con la Orden de Alfaden a sus espaldas, estableció su base de operaciones al este del Reino de Tulipe. Jean-Luc, a su vez, fue proclamado cómo legítimo regidor del Reino por el máximo Hierofante Alphonse de Artoise, prácticamente haciendo una herejia el apoyar a Baldwin. Las Casas Nobles del Reino se veían en la dificil situación de tomar una decisión.

¿A quién apoyarían?

Hermano contra hermano. Sangre contra sangre.

Comments

richterbrahe

I'm sorry, but we no longer support this web browser. Please upgrade your browser or install Chrome or Firefox to enjoy the full functionality of this site.