La Guerra de Tulipanes

Una invitación inesperada

Lord Osier llama a sus vasallos

Una bebida, una bebida para mi garganta!

Muchos dirán distintos tiempos como el verdadero inicio del espiral de la Casa Cendre. Que una batalla, que un evento, que incluso un evento de los astros. Todos ellos están en lo correcto, de cierta forma. Pero ignoran el modesto comienzo, la aparente inocua llamada de Lord Osier, durante ese peculiar día de Frugal.

La hermosa dama Kyrie Cendre llevaba a cabo su corte, atendiendo varias peticiones de los hombres del pueblo, rogándole por siembra y recursos. Acompañada de su majestuosa bestia, Kumiho, lucía cada centímetro de la gloria de los Cendre. La dama, en su magnificencia, accedía a ayudarles, sacrificando incluso sus propios recursos para apoyar a su querido pueblo. Sólo se negó a ayudar a Raul Conard, mercader sin escrúpulos dispuesto a aplastar cualquier competencia a cambio del brillo del oro.

“Pero, mi señora”, habría dicho el mercader, “¿quién más que yo es leal a usted? Si tan sólo me otorga lo que pido, permisos para traer mercancia del exótico continente de Occidente, será renombrada por las tierras del Reino como una regente moderna!”

La dama reía, como perlas deslizándose por la arena. “¡Monedas de Tulipe jamás deberían ir a manos de extranjeros!”, decretó ella. “Nuestro pueblo suficiente orgullo tiene en sus productos, que innecesario es traer aquello ajeno al Reino. No, Maese Conard, busque una nueva estrategia, pues le aseguro: el camino fuera de Tulipe es un camino repleto de espinas.”

El insufrible mercader no tuvo más opción que obedecer, y se retiró de la Sala de Audiencias. El honorable castellán Egmond Gelin felicitó a la dama por su decisión, y dio seguimiento al resto de los asuntos pendientes del Reino.

Al poco tiempo, Sir Bosric Payne, Sargento de la Tercera Compañía del Águila Ascendente, se presentó ante su señora, hincándose y suplicando ser otorgado el glorioso honor de purgar un cercano bosque de los terribles bandidos que asechaban granjas y viajeros. El heroico Comandante Ghiles Basse ofreció su opinión, diciendo,

“Mi señora, es un gran riesgo que debe ser atendido tan rápido como sea posible. No debemos dejar que estos bandidos crean estar arriba de su Ley.”

La dama frunció el ceño, sin duda su mente trazando múltiples estrategias y planes. Pero la tranquila voz de Altërian Yadis’varion, Maestro de Espías, susurró en sus oídos.

“Mi querida nieta, no puede haber más que dos centenas de estos atrevidos ladronzuelos. Una oportunidad perfecta para que tus soldados, leales cada uno, demuestren su honor y su valentía ante tí. Sin duda estarán ansiosos por librar combate contra aquellos que se atreven a robar en tus tierras. ¡Dales la oportunidad!”

La señorita Cendre volteó a ver a su abuelo, viendo en el reflejo de sus ojos aquellas similitudes entre ellos, la sangre que compartían. Pues, amigos, sepan que por las venas de Kyrie Cendre fluye la gracia de los Elfos. Ella asintió, y dirigió su mirada a Sir Bosric.

“Alzaos, Sir Bosric, y escuche mis deseos. Habrá de dirigir a tres cientos de mis mejores hombres a aquella región, y aplastar a los bandidos. Tiene mi bendición.” dijo ella, en una voz que resonó por la Sala. Sir Bosric, a su vez, asintió envigorizado, y de una rápida vuelta, salió de la Sala.

El destino había trazado sus designios, puesto que Cédric Romain era parte de los hombres escogidos para tal combate. Al cabo de unas horas, las tres compañías descendieron sobre los sorprendidos bandidos. Utilizando la covertura de los árboles, dos de ellas se acercaron hacia la pequeña colina que revelaba ser el campamento de los bandidos. Mientras tanto, Sir Bosric mismo lideraba la compañía que habría de revelarse, valientes señuelos. Los bandidos, predecibles, hicieron llover flechas sobre los guerreros. Pero tal acción fue su perdición, pues habían revelado su posición. Una lluvia de muerte resonó en los cielos, y trajo ruina a los bandidos. Desorganizados, no pudieron resistir la furia de la infantería Cendre. Tras un feroz combate, donde la sangre y los gritos dominaron, los soldados de la Casa Cendre se vieron triunfantes, y disfrutaron de las recompensas de su batalla.

En ese preciso momento, bajo el manto de la oscuridad, una columna de jinetes se acercó a la Mansión Cendre. Portando la bandera de la Garza y el Reloj, era nada más y nada menos que Reuel Osier, tercer hijo del gran Lord Osier. A sus espaldas cabalgaban varios señores nobles de aquellas Casas subservientes a los Osier. La dama Cendre le atendió, doblando la rodilla en respeto.

Reuel Osier bajó de su corcel, y se hincó junto con ella.

“Mi dama Kyrie, lamento haber llegado sin anunciar a sus tierras,” dijo él, tomando la mano de la señorita Cendre, y levantándose junto a ella.

“No hay nada que lamentar, mi señor Osier. Yo y mi pueblo estamos a sus órdenes. ¿Gusta pasar a descanzar y cenar? Mis cocineros son experimentados, y sin duda deleitarán su paladar. Seguramente tenemos suficiente para acoger a todos sus acompañantes.”

Reuel reveló su sonrisa, y sacudió su cabeza. “Tan grácil, mi dama. Otra ocasión será que probaré la habilidad de sus cocineros. Pero, hoy, vengo con una petición menos agradable, y más urgente.”

Kyrie levantó una ceja, ligeramente traicionando su sorpresa. “¿Urgente, mi señor?”

Reuel asintió, y con un ademán de su mano hacia el resto de los jinetes, agregó. “Mi padre, Lord Osier, llama a todos los nobles de la región a nuestro hogar. Hay palabras importantes que tienen que decirse, y requiere que todos lleguen lo más rápido posible. He venido a escoltartla al Nido.”

La mujer sonrió, e hizo una reverencia. “Por supuesto.”, dijo ella “¿Partiremos mañana en la madrugada, entonces?”

El joven Osier la miró por un segundo, y sacudió la cabeza ligeramente, sus mejillas algo ruborizadas. “Lo lamento, mi dama. Mi padre ha dicho lo más rápido posible. Le pido, por favor, que se prepare ahora mismo. Partiremos en media hora.”

Debo dar un trago más, pues este cuento seca mi garganta. Tal como escucharon, Reuel Osier fue enviado por su padre a recolectar a todos los nobles, incluso en medio de la noche. Su viaje fue normal, sin ningún contra tiempo. Los nobles se mostraban cortéses, más intrigados por tal inusual petición. Para la madrugada, llegaron por fín a aquella colina que sobrevé el Nido y su pueblo aledaño. A orillas del hermoso Lago de Plumas, el modesto pueblo estaba rodeado por varias edificaciones recientes, y tiendas coloridas.

“Un torneo”, explicó Reuel Osier. “Mi padre ha organizado un torneo en su honor, mis señores y damas.”

¡Muy inusual! Sin aviso ni mensaje, una reunión y un torneo. Los nobles estaban confundidos, más no revelaron sus inquietudes. Fueron llevados a sus respectivas tiendas a descansar, con palabras de que verían a Lord Osier en la tarde, después de dormir. Pero, los elfos no duermen, se dice, y Anastrianna Naïlo, más reciente hija de la línea Naïlo, hizo completo uso del hecho. Exploró los alrededores, familiarizandose con el lugar y sus caminos. Sólo cuando se sintió conforme, regresó a la tienda preparada para los Cendre.

Después de varias horas, y de haber descansado, los Cendre fueron llevados, junto los líderes de las Casas Bonneau, Remillard, Miulle, Piché, Faye, Sant, Lacoursiere y Belcourt, a la presencia de Lord Osier. En su gran voz, dicha capaz de poder ser escuchada por millas, aseveró,

“Temibles tiempos se acercan, mis fieles vasallos. Los cuervos sobrevuelan los campos, deseando las batallas que se avecinan. ¿Quién diría que en nuestra vida sucedería tal colosal evento? Más esto involucra a todo el Reino, y no sólo a algunos. Pero no preocuparé sus mentes de antemano. ¡Hay un torneo que disfrutar! Sólo al acabar éste, nos sentaremos y hablaremos de los sucesos que acongojan a nuestras tierras.”

Y dicho esto, los dejó a su propio criterio. Los Cendre hablaron con algunos de los otros nobles, todos mostrándose perplejos por las palabras de Lord Osier. Violance Cendre, prima de la Dama Cendre, habló con las esposas de los señores nobles, escuchando y hablando sobre lo que ellas mismas habían sospechado. Gaubert Cendre, esposo de Violance y sacerdote del Amo de los Solsticios, por su cuenta dialogó con Christopher Guinald, sacerdote de la Doncella. Kyrie recibió las atenciones de Julian Faye, líder de su Casa. Éste fue cortesmente rechazado, tras perder en duelo contra Orson Prost, maestro de armas de la Casa Cendre.

Pero otro sería quién vería un evento extraño. Habiendo seguido la columna de jinetes desde la Mansión Cendre, el misterioso Enzo Barrenga quien descansaba cerca de la colina. Despertó por un curioso sonido, y decidió resolver sus dudas. Furtivamente acercándose, logró notar que otro pequeño grupo de jinetes entraba al pueblo, caballeros portando frías armaduras de acero, y usando el símbolo del Corcel y la Corona, heráldica de la Casa Laurent. Intrigado, se dirigió a averiguar su destino. Aquellos misteriosos hombres entraron a una gran casa, y Enzo los siguió. Dentro, notó que a pesar de su refinado exterior, la casa estaba vacía y descuidada. Pero encontró que cerca de 25 hombres de armas estaban preparados para algo, y los murmuros apuntaban a una orden de Lord Osier.

Motivado por razones que solo él conocía, Enzo fue en busca de Altërian Yadis’Varion, sabiendo que el Elfo estaría interesado en conocer esto. Reveló su información, y prometió continuar observando la casa. Altërian, mientras tanto, informó sobre esto a la dama Cendre, y estaban atentos a cualquier cosa, sin realmente tomar acción.

Mientras tanto, Anastrianna habría de hablar con Reuel Osier, conociendo un poco más del hombre, y de sus hermanos, Armand y Aurélien. El Osier menor parecía estar molesto con el prospecto de que algún día, el rascista e intolerante Armand lideraría la Casa, sentimiento que tal vez hizo eco en la misma Anastrianna. Le acompañó por el resto de la tarde, hasta que la Luna salía a corte. Preocupada, tal vez, Anastrianna buscaba una vereda para un escape, en caso de ser necesario. En el trayecto, espió a Armand Osier cortejando a una plebeya.

“Oh, Lord Osier!”, decía la mujer, ruborizada y en los brazos del hombre.

“Nada de eso, no aún,” contestó Armand, sonriendo, “Todavía no. Pero, no dudes. Seré Lord Osier en cuanto mi padre muera…”

“Mi señor, yo lo sé, y esperaré ansiosa ese día!”, casi gritó la mujer.

Una carcajada salió de la garganta de Armand. “No tendrás que esperar mucho; mi padre seguramente no tiene uno o dos días más de vida…”

Anastrianna se apresuró a Kyrie, y le reveló lo que escuchó. Después, junto con Reuel Osier, fueron a hablar con Lord Osier, y revelar la traición de su hijo. Pero, el jefe de la Casa Osier descartó sus preocupaciones, pues Armand no era lo suficientemente inteligente como para tramar un plan sin que su padre se diera cuenta. La dama Cendre fue agradecida por su ayuda, y Armand castigado por atreverse a inmiscuirse con una pueblerina. La pueblerina, en cambio, fue ejecutada, pues palabra de ella no debería salir sobre los eventos.

La noche pasó sin más… y finalmente, el día comenzó. El torneo habría de llevarse a cabo, con la adición de un nuevo visitante.

La feroz Fauce de la Casa Leroy, y Gran Maestro en Armas de la Orden del León, Théodore Leroy.

Comments

Leroy!!!! no manches!!!! que va a pasar???? podran los aventureros contra la orden del león?

Una invitación inesperada
richterbrahe

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