Gaubert Cendre

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Esa tarde de verano, hace dos años, hubiera sido muy similar a las demás; excepto por la visita programa de un nuevo sirviente al gran juez y señor de los solsticios. Nunca faltan familias nobles, que agradeciendo o buscando la gracia de Baelorius, ofrecen las vidas de alguno de sus hijos o hijas en servicio perpetuo. Normalmente eran los hijos más jóvenes o aquellos que no mostraron habilidad ni para el adiestramiento militar, político o mercantil. Quizá sus padres esperaban que si realizaban los trabajos del gran Juez, este los protegiera. La realidad es que Baelorius nos protege a todos en la medida justa; que solo él en su inmensa sabiduría puede entender, y nosotros en nuestra mortal comprensión aceptar.

Noc… Noc

— Adelante —

— Buenas tardes santísimo Obispo Constant Vipond —

— Buenas tardes, anda toma asiento. ¿Cuál es tu nombre? —

— Gaubert… Gaubert Cendre… señor. —

— Gaubert, ¿entiendes porque estás aquí? —

— Por la gracia de Baelorius, para servirle a él y por tanto a Tulip. —

— Sí, esa es la respuesta que se espera que des… ¿pero acaso no sabes que hay más detrás? —

Ambos dejamos esa última pregunta en el aire mientras interpretaba su lenguaje corporal. La luz del ocaso iluminaba la oficina principal de la parroquia; los libreros de caoba reflejaban su rojo color sobre los pisos de nogal y convertían los tapetes azules en morados.

— No… no estoy seguro de a que se refiere… señor —

Me pare y encendí las antorchas ya que empezaba a bajar demasiado la luz de la habitación. El joven me seguía con una mirada confusa y ávida de curiosidad. No, al parecer no sabía el trato que su padre había hecho conmigo; mejor para él.

— Estas aquí para aprender de las enseñanzas que el amo y señor de los solsticios nos ha delegado a nosotros, sus fieles siervos. Estas aquí para convertirte en guía espiritual de los habitantes de Tulip; mismos que estarán bajo tu responsabilidad; sus faltas serán las tuyas. —

Claro que él, siendo apenas iniciado, no podría ser confiado con tanta responsabilidad; pero según lo que sabía de su padre, esto era a lo que estaba acostumbrado y le serviría de motivación.

— Estas aquí para ser parte del clero de Baelorius. —

Busque las hojas de pergamino que descansaban sobre el escritorio de madera roja. Finalmente encontré lo que buscaba entre las figurillas de porcelana que adornaban el mueble.

— Veo aquí que tienes ya 20 años; pero que estuviste entrenando como monaguillo desde los 12 y como asistente de templo desde los 15. —

— Así es, aunque no fue en templos dedicados a Baelorius, sirvieron para que entendiera los deberes que se esperan de un clérigo… señor. —

— ¿Que me puedes decir de tu familia? —

— Mi padre Gautier es terrateniente fuera de Tulip; mi madre Sonia es ayudante en uno de los templos de allá y tuve una hermana de nombre Rosalba, que falleció con solo 11 años cumplidos. Además de ellos podría mencionar a la dama Kyrie Cendre, al conde Lauxcel y a su hija Violance; sin embargo ellos son familiares más distantes. —

— Violance dejara de ser distante; tengo entendido que Lauxcel y tu padre están pensando casarlos. —

Debo admitir que me causa regocijo ver la cara que pone la gente cuando sale a relucir lo que pensaron oculto.

— Bueno … aún no hay fecha para la boda y falta presentarnos … —

Apenado y quizá sintiendo que en algo erro; el joven intento justificarse. Más para sí mismo que para mí. Cuando reaccionan así significa que no están acostumbrados a mentir y eso es bueno.

— En todo caso, no deberás dejar que tus deberes como esposo o miembro de la casa Cendre se interpongan con tus deberes a con nuestro gran señor Baelorius. —

De nuevo opte por tranquilizarlo dejándole bien definidas sus responsabilidades.

— Una vez terminado tu entrenamiento, deberás de fungir como sacerdote de las tierras Cendre; eso significa que aconsejaras a la dama Cendre cuando sea pertinente; arreglaras la capilla de la casa y oficiaras misas. Además deberás de enseñar con el ejemplo; mantente sereno ante las dificultades; se justo en tus juicios, pero amable en tu trato. Nunca olvides dedicar un tiempo al día para meditar y orar; ya debes saber: “Conócete a ti mismo y podrás conocer a los demás”. —

Tome una pausa, no era momento de sermonear y mi voz ya empezaba a resonar en la oficina. El ventanal superior permitía, en su ausencia de luz, dar cuenta del anochecer. Seguramente para esa hora, en el otro lado de la parroquia, mis compañeros y ayudantes estarían preparándose para descansar. Buen momento para tratar temas delicados sin que las paredes escuchen.

— Antes de continuar, dime: ¿Por qué quieres ser clérigo de Baelorius? —

— ¿Perdón? —

— ¿No será que solo estas obedeciendo lo que tu padre te ha ordenado? —

— No… claro que no… mi dedicación a nuestro señor es sincera. —

— Que hay de los años de trabajo en aquellos templos; ¿Por qué no dedicar tu vida a los dioses que venera tu madre? —

— Señor, respeto mucho las creencias de mi madre, pero desde recién nacido he estado conectado al culto al juez. Mi nacimiento fue difícil para mi madre; la partera pensó que no sobreviviríamos ni ella ni yo, después de todo el primer hijo. Si estoy aquí para hablar con usted es por la gracia de Baelorius, a través de un amigo de la familia que estaba de visita. Vera, ese amigo era el entonces sacerdote de la casa Cendre que oportunamente estaba ahí. Creo que si nuestro señor salvo nuestras vidas, es justo que ahora sirva a su causa con ella. —

Mientras hablaba, el semblante del joven iluminado por luz de antorcha, me recordó en parte cuando inicie mi propio camino eclesiástico. A diferencia de él, mi vida no había sido bendecida con tanta ayuda de Baelorius, no fue tan necesaria. Hijo segundo de una casa noble de la capital, mi cuna me permitió escalar en la jerarquía clerical. Es todo lo que se puede decir, ahora soy Obispo de las planicies y no hace falta más. No tuve mayores obstáculos ni dificultades, ningún motivo importante para merecer mayor atención de Baelorius. En cambio él, fue perdonado en las dificultades del parto para después seguir condenado por su herencia. El gran juez ahora considera protegerlo a través del trato que hiciera su padre con la iglesia… conmigo.

— Es bueno saber que tu fe es firme y de auto convicción. Deberás tener cuidado aquí en Tulip, hay personas que… —

Movido por ese pensamiento estuve a punto de revelar más de lo que era bueno.

—… que a través de palabra y acción podrían tentarte al mal camino. —

Para que decirle que unos nobles buscaban su cabeza y la de sus padres. Al fin y al cabo me encargaría de que nunca lo lograran; en parte por el trato con Gautier, pero mucho más por que las leyes divinas establecían que otra debía de ser la compensación.

— En fin… ya es tarde, va siendo hora de descansar. —

Algo debió de recordar que le causara gracia, apenas una ligera mueca lo delato; pero pronto volvió a portar el rostro firme y sereno con el que había entrado. Dejamos las sillas de caoba tallada por los artesanos locales; regalo de uno de los nobles a forma de diezmo.
Lo acompañe hasta las puertas del zaguán donde esperaba su carruaje. Durante la breve caminata se mantuvo callado y pensativo; lo despedí con las bendiciones tradicionales y me dirigí a mi habitación para dormir reflexionando. ¿Que pensé de él?

Gaubert es apenas un niño volviéndose hombre. Aún no está preparado para las dificultades de la vida noble en Tulip. Tiene fe y confianza, no se puede negar; quizá solo eso ya lo convierte en un recurso útil para la iglesia. Solo los dioses y el tiempo dirán que será de él.

Gaubert Cendre

La Guerra de Tulipanes gamemaniac