Casa Manier

El bibliotecario se aleja de ustedes, hablando solo mientras busca en los diferentes estantes un libro apropiado. Con una ligera exclamación de victoria, toma un par de volumenes, y los trae a ustedes.

“Creo que éstos son un buen comienzo, mis señores. Sé que tenemos más por aquí, pero podría tardarme. Pueden comenzar con estos dos, y les traeré el resto pronto” les dice, con una ligera sonrisa mientras se pierde entre los estantes de nuevo.

La Casa Manier tiene el distintivo honor de ser la Casa Protectora de los Solsticios. Fueron ellos los que construyeron los cimientos de Megrande, ellos quienes la defendieron en contra de Alfaden durante la Unificación, y ellos quienes la reconstruyeron tras la victoria de El Dorado. Su historia es una de honor y grandeza, de lealtad y perseverancia.

Mucho de su poder viene desde su fundación, y de sus grandes lazos con la Iglesia de Vaelorius. Ellos eran los guardianes del Gran Templo de la Balanza, los portadores de sus llaves y defensores de sus puertas. Megrande fue construida más como una forma de hospedar a los fieles durante su peregrinar al Templo. Pero con el paso de los años, fue necesario crear un asentamiento más permanente, y los Manier se dedicaron a hacerlo. Arduo trabajo y esfuerzo, año con año crearon, a mano, lo que se volvería la capital del Reino. La joya de los Picos nació, y los Manier fueron sus padres. Poco a poco, Megrande se volvió un bastión de fé, un oceano de paz entre las mareas de las incesantes guerras del territorio.

Aunque no tenían el poderío de los Leroy, ni la ferocidad del Tigre de los Pantanos, los Manier eran considerados un feudo a respetarse. Retarles era como retar a Vaelorius mismo, se decía, y nadie se atrevía a ofenderles. Se les rendía tributo como una forma de garantizar la merced del Juez, pero nada de eso llegaba a los cofres de la familia. Cada moneda, cada alimento, era entregado a Megrande y su gente, a hacerla más fuerte, y más gloriosa. Hasta la llegada de Alfaden.

Los Manier recharazon los intentos de la Unificación, negándose siquiera a tratar con un hombre que claramente no veneraba al Juez. Cinco veces Alfaden suplicó la rendición de Megrande, y cinco veces los Manier le respondieron con titánico silencio. A pesar de una marea de soldados detrás de la bandera de Alfaden, los Manier no titubeaban, seguros en su fé, y en sus paredes. Muchos de aquellos seguidores de la Unificación sentían su voluntad quebrarse- ¿cómo habrían de oponerse a los elegidos de Vaelorius? ¿Cómo habrían de tener victoria? Pero Alfaden no cedió.

Megrande resistió 3 años de asedio. Sus paredes repelían cualquier intento de escalarlas, y parecían impregnables a las incontables catapultas que le atacaban. Los rios que cruzan por ella abastecían de agua fresca a los defensores, y sus enormes reservas de alimentos en las montañas aseguraba una existencia decente. Varias escaramuzas se llevaron a cabo, pero siempre los Manier lograban mantener su terreno. Pero como siempre, Alfaden triunfó. Las paredes de la ciudad cayeron, algunos dicen ante un hechizo poderoso, otros que ni siquiera ellas podían resistir la magnífica espada dorada. Sus soldados entraron, y se batieron en combate contra los muy superados en número defensores. La batalla llevó hasta el Gran Templo, y frente a sus puertas, Alfaden venció a Uriel Manier en singular combate, su sangre tiñendo los blancos escalones. Al caer su líder, la hija menor de Uriel, Alessandra, le entregó a Alfaden las llaves del Templo: los Manier se rendían. Habían visto en su derrota una clara señal de que el favor de Vaelorius estaba con Alfaden.

Con la misma voluntad inquebrantable con la cual defendieron Megrande, así juraron lealtad a Alfaden. Para ellos, servirle era servir al Juez. Se dieron la labor de restaurar la ciudad (con generoso apoyo de los Leroy) con mayor esplendor, seña de los tiempos de paz que habrían de venir. Se dice que, cuando el Dorado partió para luchar contra males que amenazaban al Reino, le encomendó a los Manier proteger a Tulipe y a Megrande. Y así nació la Órden de Alfaden.

A través de los siglos, la Casa Manier y Megrande han sido inseparables, y ante cualquier amenaza, son los honorables soldados de ésta Casa quienes defienden a la capital – la Órden defiende al Reino, y los Manier a Megrande. Dejaron de lado su labor con el Gran Templo, cediéndolo a la naciente Eclesiarquía de los Solsticios. Su enfoque es, y siempre ha sido, el bienestar de la Capital y del Pico, y constantemente llevan a cabo esfuerzos de mejoras, patrullas de seguridad, y demás.

En la actualidad, la Guardia del Rey está compuesta por soldados de la Casa Manier, los mejores que tenían para ofrecer. Sufrieron grandes bajas durante el ataque de los Adoradores del Prisionero, pero su espíritu se mantiene en alto: mientras haya un Reino qué defender, lucharán sin descanso.

Su símbolo es un guante sosteniendo dos llaves cruzadas, ambas de plata, sobre un campo azul muy claro. Sus palabras son “Honor en la Balanza”.

Su líder es Bastien Manier, alguna vez considerado el mejor duelista de Tulipe, si no es que de Estfalen. Trágicamente, sufrió terribles heridas durante la Batalla de Megrande, pero no lo suficiente para perder la vida. Su cuerpo está maltratado, y su confianza sacudida. Pero su honor se mantiene intacto, y mientras respire, defenderá a su Rey.

La Casa Manier sirve al Rey Coronado.

Familia:

  • Bastien Manier, 49 años
  • Su hermana, Sarah Manier, 46 años, casada con Lenard Leroy
  • Davia Manier-Thiebauld, 40 años, esposa de Lord Manier
    • Miranda Manier-Leroy, 24 años
    • Iliesse Manier, 23 años, esposa de Peterus Trenchard
    • Oswald Manier, 20 años, casado con Audray Varnadore.
    • Constantina Manier, 16 años

Casa Manier

La Guerra de Tulipanes richterbrahe